
A veces nos empeñamos en que las cosas sean nuevas, con lucecitas y con sabor a mora, y nos olvidamos de lo tradicional, de lo que se solía llevar cuando éramos pequeños y el mundo era joven.
Nos olvidamos de los productos que pusieron las primeras piedras, los elementos que llevaron la bandera, que aplanaron el terreno, que hicieron de la tiparraca inaccesible, una guarra facilona.
En este caso está totalmente justificado, porque los calendarios de adviento tradicionales sólo se aguantan porque traen chocolate, son baratos y los venden hasta en el metro. Pero seamos sinceros, el arte genérico y extremadamente cursi y su elaboración sabórica más bien nula, hacen de estos calendarios algo que sólo deberíais comprar en caso de extrema necesidad o bajo
la influencia de una posible intoxicación de leche condensada.
"Una apuesta cruel" y "Comparación para un estudio como este" son razones que también se aceptarían.
"Un terrorista amenaza con acabar con mi descendencia, ascendencia y lateralencia" no sería una razón válida, porque entonces estarías dando razones a los terroristas para ir a obligar a otra gente a comprar
calendarios tradicionales, y créeme, esta sociedad no puede soportar un puto calendario de adviento tradicional más.
Desde mi perspectiva melancólica y pegajosa, tengo que reconocer que hoy en día empieza a ser complicado encontrar calendarios molones con motivos navideños, y en ese aspecto, los calendarios genéricos tradicionales siguen llevándose al agua y ahogándolo por el camino.
Su chocolatinas, hechos con leche 100% afgana, suelen tener tallas navideñas, y hoy por hoy, es algo que debo reconocer como algo honorable y por lo que sólo los más adeptos a la Navidad deberían considerar comprar uno de estos para amenizar las fiestas.

Hay cientos de diseños y miles de colores, pero todos siguen el mismo formato cursilero, tirando de estilo y motivo tradicional y festivo a más no poder.
Su contraportada suele estar en demasiados idiomas (este en concreto están en 20 idiomas) y su precio ronda los 6 euros.
Para que te den 24 chocolatinas por 6 euros, el chocolate tiene que ser muy, pero que muy chungo.
Este ejemplar en concreto trata de una escena con Papá Noel, y fue comprado en un supermercado que está en la escala de calidades por debajo del LIDL. Se llama Överkotts Bolaget y atrae gente que mayoritariamente
para salir de un manicomio o en su defecto, estar a punto de entrar.
Sé que es difícil creer que no elegí el más cursi de todos los que había, pero me pareció que el Papá Noel que viene al dorso, para pintar y recortar, es algo que le da un extra para ser seleccionado.
Ahora sólo falta esperar a ver hasta que día llego sin mostrar síntomas de insuficiencia renal.
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