Intentaría imaginarme lo que hay detrás de esa ventana imaginaria, pero eso sería como hacer apología del apologismo, o silogía del silogismo.
Oh, cómo me gusta imaginar que en vez de ese diamante del tamaño de un futuro descendiente de avestruz, se encuentra la cabecita medio azulada de Darth Vader y lo que desciende es su casco con ese ruidito haciendo shuuuuft.
Tiempos más sencillos, tiempos donde el malo era malo hasta que nos daba penita. Tiempos sin el calendario de Spiderman.
Liso y suave plástico, inmutable más allá de lo que alcanza el ojo.
Hoy hay menos piezas y por pura lógica, las unas van encima de las otras.
No hay lugar para la fantasía ni para la las novelas de elige tu propio final.
Eso sí, estamos tratando con piezas de Lego de contorno circular, lo que requiere un mínimo de concentración y relajación previa.
Yo diría que esto está dirigido a Thuncan, que a estas alturas debe haber acabado de pulir el primer diamante de su trocito de mina portátil.
No lo hemos tapado, porque esta es una de esas vitrinas con la cualidad de hacer prácticamente indescifrable todo aquello que tienen en muestra.
Pues no me equivocaba y Thuncan intenta admirar su nueva pieza de museo.
El cristal, en nombre de la seguridad, es indestructible y medianamente ofrancisco, por lo que no deja ver una mierda, pero la historia vale.
Son 17 días y no ha aparecido nada de Navidad en este calendario (si no contamos el típico goblin navideño), pero por una vez, no me importa.
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