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Las Chuches del Terror: Dispensadores

Mientras las chuches que se apoderan del nombre de Vampiros basan su poderío en el nombre, dejando de lado su diseño y su sabor, las chuches del terror de hoy basan su estrategia comercial en el paquete.
Son dispensadores de caramelos normales y/o cutres, pero que tienen un envoltorio alucinante que, emulando un cartel de neón, intentan atraer la atención y que te dejes dos euros en una calabaza de plástico barato, siendo el plástico barato, tanto el envoltorio como las chuches.

Dispensador calabaza

En primer lugar vamos con una bola de plástico qué, sin ser un dispensador "per sé", trae dentro de su bola de plástico naranja, un montón de chorradas varias.

Dispensador calabaza Dispensador calabaza

Para mi, lo verdaderamente impresionante en este trasto es la forma en que consiguen meter todo eso en la calabaza de plástico.
Yo lo intenté varias veces, y no hubo cojones en volver a meter todo el contendido en la calabaza y volverla a cerrar. Tantos años de tetris, y ahora esto.

Como ya he dicho antes, en estos casos, el interior suele ser mucho más triste que el exterior, y en una cajita que vale 60 céntimos, no podía esperar demasiado.

Aquí podemos encontrar una estrellita de plástico con una bolita en sus interior que debes hacer circular a lo largo de un laberinto para llegar hasta el centro. 4 pegatinas cutres. Un set de plástico rarote que sirve para hacer un efecto peonza. Y un la chuche comestible de rigor, un ojo de gominola.

Peonza

Este pequeño cachivache me trajo por la senda de la amargura durante 10 minutos hasta que entendí como funcionaba para hacer que los discos de plástico salgan disparados y giren como locos tal y como haría una peonza.
Lo malo es que me gustó, me vicié, y tras el décimo lanzamiento, el muelle del dispositivo (si es que se puede denominar "dispositivo" a una barra de plástico con un muelle) acabó por serrar el plástico y se jodió el invento.

Ojo comestible

Y por último llegamos a la chuche del terror.
Un ojo comestible ya es bastante asquerosillo de por sí, pero este en concreto estaba hecho de una clase de goma que parecía más al "Porexpan" que a una gominola.
Del todo incomestible. Después de dos intentos de mordisco donde la goma se contrae pero no se parte, decidí tirar el globo ocular a la basura. Me sentí como Terminator, por mucho que el ojo que yo tiraba no era el mío.

Dispensador halloween

El segundo dispensador, y este si que se acoge a la definición de dispensador al 100%, es este pequeño tubo culminado por un fantasma, qué, si fuera un mal pensado, pensaría que está enculando a una calabaza.
Es más, como soy mal pensado, y en vista de la cara de placer de la calabaza, ESTOY SEGURO que es precisamente eso lo que está pasando.
Las relaciones dimensio-vegetales no son lo mío, pero quien soy yo para juzgar, eh?

Dispensador halloween

En la parte posterior podemos ver, que no sólo el fantasma no copula con la calabaza (sale desde dentro), sino que además el dispensador viene con un mango que sirve de gatillo para lanzar las pastillas del interior.
No sólo es ergonómico, con espacio para posar la mano, afianzar los dedos y disparar, sino que además mola un huevo.

Dispensador halloween

Por desgracia, al accionar el gatillo, lo único que sucede es que la calabaza se lanza al frente y por debajo aparece una pastillita.
No sale disparada, así que las intenciones de hacer concursos de tiro con dispensadores de Halloween no será posible. Eso sí, si lo que quieres es comerte las pastillitas, entonces casi que mejor que no salga disparada a 3 metros de distancia.

Pastillas halloween

Las pastillas en sí son del tamaño de una moneda de un euro, funcionan en los carritos del Carrefour y tienen un ligero sabor anaranjado.
No son del todo efervescentes, pero se nota que son polvitos picapica de baja graduación compactados en una pastilla.

No tienen nada de especial, y está claro que de no ser por el dispensador, que mola un huevo, no valdría la penar ir por ahí comprando este tipo de caramelos.

Bolas halloween

Y finalmente llegamos a estos dos dispensadores, que son iguales excepto por el color del plástico.
Esto ya son palabras mayores, por varias razones.

Obviaremos el hecho de que van vestidos de una forma muy rarita y no pondremos hincapié en el sombrerito de paja que me llevan, pero lo que uno no puede dejar de notar es la cara que tienen.
Es de felicidad, está claro, pero hay detalles, no sé explicar muy bien como, de cierto aire homicida. Es la tipa sonrisa que hace que te pongas a correr hasta llegar a algún sitio con muchos candados y capas de pared, puerta y a poder ser armas de destrucción masiva.

Yo a veces me despierto a media noche y los dos están ahí, en la mesita de noche, mirándome y sonriéndome como avisándome de que, por hoy, parece que volveré a despertarme con el cuello de una pieza. Pero quién sabe mañana...quien sabe mañana.

Bolas halloween

La tarjeta ya nos avisa. Esto no sólo es una excusa para vender caramelos simples y normales. No.
Esta gente se ha currado un dispensador de pegatinas de Halloween que casi por coincidencia, tiene caramelos en su interior.

Rollo pegatinas Pegatinas halloween

El dispensador de pegatinas, a pesar de ser un avance tecnológico considerable, tiene un problema grave, y es que para sacar cada pegatina, tienes que despegarla del rollo original, así que automáticamente tienes que pegarla en algún sitio.
No es que sea un problema para la gente compulsiva y superficie suficiente. Pero yo soy de los que quiere ver todas las pegatinas antes de usarlas, y a poder ser, guardarlas.

El problema se arregla abriendo el cartucho que guarda el rollo de pegatinas. Debo confesar que hacer esto te hace sentir un poco culpable. Como si estuvieras timando al creador del dispensador. Es casi como no pagar impuestos, con la excepción de que a mitad del año que viene no te devuelven un montón de pasta que pagaste de más en primer lugar.

Chuches halloween

Aquí la gracia está en que, aunque no son nada especial, los caramelos son buenos de verdad, y si lo vendiesen en cajitas normales, seguramente compraría de vez en cuando.
No tienen un sabor definido, pero su interior es ligeramente ácido, y eso ya hace que me gusten.

La otra diferencia con el primer dispensador es que estas pegatinas sí están curradas. No sólo los dibujitos, todos diferentes, sino la calidad del papel y la cola.
Todo un reto para un dispensador que me ha costado 2 euros.

Chuches halloween

Y ahí las tenéis, todas las pegatinas, del dispensador en una especie de collage cutre cortando partes del rollo, con una calidad fotográfica digna de Casius Clay en sus últimos años.

Ahora tengo esperar a que se marche trollaki para empezar a pegar las calcomanías en la puerta de la nevera. Para cuando se de cuenta de que no son imanes ya será demasiado tarde!

melonian | 11-10-08
 

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