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Las Chuches del Terror: Vampiros

Disfraces, decoraciones, pelis de miedo, muertes de gente desconocida que acaban en el fondo de un río...cualquier cosa macabra parece tomar un nuevo significado una vez llega el 31 de Octubre.
Pero la verdad es que la esencia pura de Halloween son las chuches.

Las chuches son las que llevan a un grupo desbocado de niños corruptibles e implacables a inundar las calles americanas disfrazados hasta las cejas y pidiendo exigiendo caramelos por el simple método del amontonamiento y la intimidación.
Son como un grupito de hienas. Solos no dejan de ser renacuajos insignificantes, ruidosos y molestos. Pero juntos se vuelven, además, en peligrosas armas de destrucción total.

La primera vez que escribí sobre comida, fue precisamente este lamentable artículo sobre Las Chuches del Terror, y desde entonces he recopilado material que por alguna u otra razón, no han visto la luz hasta este especial.
De ahí que haya algunas de las fotos que tengan un par de años, cuando tenía previsto hacer un nuevo artículo sobre el tema. Pasados unos cuantos años, ahora tengo material como matar de diabetes a un niño subsahariano. Así que habrá un par o tres artículos dedicados a las chuches...las chuches del terror.

Hoy...VAMPIROS!

Chuches vampiros

Durante el último año que estuve viviendo en Mataró, fue creciendo la cantidad de diferentes caramelos dedicados a los vampiros.
Casi todos eran de la misma empresa y parecían tener una relación clara, pero nunca vi una fijación tan bestia por los vampiros desde que Wesley Snipes se chutaba líquido azul para no tener que incluir la frase "Chupetear cuellos" en su agenda diaria.

No son los más originales, pero no nos engañemos, no necesitan serlo.
La gracia de estos caramelos es su nombre y su envoltorio. El resto da igual. Es más, se pueden permitir el lujo de poner caramelos normales, ya que lo que les diferencia es su estirpe y con eso basta.

A diferencia de las chuches bastardas que tienen que buscarse un sitio a base de ser originales y aportar algo, los caramelos Vampiros sólo están ahí porque tienen un castillo en un pueblo chungo de Rumania y nosotros, pueblerinos ávidos de antorchas, nos arremolinamos en las tiendas para comprar un puto caramelos de fresa con nata, sólo porque tiene un bicho chupasangre en el envoltorio.
Y lo jodido es que nos sentimos bien al hacerlo!

Vamos a ver esos caramelos vampirescos.

Super Vampiro

Caramelo vampiro

Super Vampiro es el primer gran ejemplo de "tu ponle un nombre molón y que el resto se lo imaginen ellos".

En definitiva no es más que un caramelo de fresa relleno. ¿Relleno de qué? No me lo quiero ni imaginar, pero al menos tenemos que darles el reconocimiento de ser honestos.
Esta gente no se de hostias y te explica lo que te venden. "Esto es lo que hay" es el enfoque que muchos productos deberían adoptar en vez de darnos por culo constantemente con sorpresitas postcontractuales.

El envoltorio es sencillo pero intenso.
Como ya se puede esperar, el negro y el rojo es motivo indispensable. Luna y murciélago, nunca pueden fallar!

El caramelo es de los más normalito. No mataría por uno, aunque podría pagar a alguien que matara por uno.

El Corazón del Vampiro

Vampiruletas!

Una piruleta de corazón normal y corriente. Es más, esta vez apenas se curran el envoltorio con una fuente tortuosa.

Eso sí, esta chuche se convierte en la piruleta normal más alucinante por la sencilla palabra que se encuentra en el envoltorio.

Vampirultes... Vampiruletas... VAMPIRULETAS!!! VAMPIRULETAS!!!

Ni Lope de Vega ha conseguido llegar a mi alma de forma tan directa!

Draculín

Draculín!

En un intento fallido por hacer un nombre decente y un envoltorio aceptable, Draculín se convierte en el hazmerreír de las chucherías terroríficas.

Una bola de chicle es una excusa muy triste para abusar de una tipografía gótica, pero mi abogado dice que no es suficiente para comenzar acciones legales.

Super Vampiro ChupaChup

Super Vampiro Chupachup!

Con el mismo nombre que el primero, no deja de ser un chupachup relleno de chicle.
Algo así como un Koyak pero en pequeño y malo.

Eso sí, tiene un Vampiro soplando una bola de chicle en el envoltorio y eso es de agradecer.
Además se han currado pequeñas marcas de color amarillo para simular una fresa. Sé que es una práctica extendida en la industria, pero el esfuerzo merece una palmada en la espalda.

Mister Vampiro

Mister vampiro

Han habido guerras por razones menores.

Y es que plantar a uno de los monstruos más laureados del planeta como "Mister Vampiro" es entrar en zona prohibida.
La única forma de hacer esto peor sería añadiendo un dibujo del Conde Drakul vestido con un traje de cuero de policía, con gorrita, mostacho y las nalgas al aire.

Para rematar la faena, han hecho un caramelo de fresa y nata, cuando todo el mundo sabe que los vampiros sufren de intolerancia a la lactosa.

Vampiros

mordiscos de mora

Esta serie de caramelos parece forjarse en una balanza donde los fallos de concepto se deben ver mejorados por otros aspectos de la golosina.

En este caso, un nombre totalmente cutre "Vampiros", y un envoltorio más que discretito, se redime de forma más que aceptable por ese "Mordiscos de mora" y ese "Blandiiiitos" que con sus 4 is nos demuestra que el creativo ha perdido la cabeza desde hace tiempo.

Irónicamente, este es la mejor chuche de todo el grupito, y puedo jurar que podría comerme 5 kilos de estas gominolas de mora y seguir pensando que debo comer más.

Vampix

Vampix de boomer Vampix de boomer

Aunque no forma parte del mismo grupo y no ni siquiera de la misma marca, no quería perder la oportunidad de rendir homenaje a uno de los chicles más bizarros que he visto jamás y que pertenecía a las filas de Boomer.

Vampix, el chicle de azúcar que los vampiros consumen y que no es más que una tira de chicle sabor a regaliz con una tira de gelatina de fresa por encima.

De dónde sacaron este concepto, no puedo ni imaginármelo, pero os aseguro de que yo no podría haber creado algo tan alucinante y extraño ni en 324 vidas.
No duró muchos años en el mercado, y juraría que ya no lo fabrican, pero en mi mente siempre quedará como el primer chicle con gelatina que probé (después vendrían otros, como el chicle de melón).
Y si su sabor era de regaliz, formando una composición cromática con la que poder enchufarle el nombre de Vampix, pues mejor que mejor.

Una cosa es decir que estas comiendo un chicle de regaliz con gelatina, y otra es que te estás zampando el chicle de los vampiros, porque como Blade, prefieres lo artificial a ir por ahí clavándole los colmillos a desconocidos.

melonian | 04-10-08
 

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